2009/04/06

Un café en El Capriccio


Soy un hombre de impulsos, seguramente por eso soy escritor. Nunca pienso las cosas. Siempre hago –o escribo– lo que me venga en gana. Y porque me dio la gana: así, de la nada, y tratando de obviar descaradamente todo lo sucedido, tomé el teléfono y marqué ese número memorizado desde la tarde de nuestro primer encontrón en la biblioteca del Instituto de Idiomas: 959347599.

Timbró varias veces y, en cada una de ellas, recordé que no había nada más que decir (mi estupidez había hablado por mí y por toda mi descendencia). Lo mejor, ahora, era callar. El contestador automático me pidió que, de haberlo, dejara grabado mi mensaje.

Pasé un poco de saliva, respiré hondo y solté lo que me salió del forro:
–Si me sigues pensando, estoy aquí.

Colgué y me sentí el sujeto más cursi de toda mi generación. "Si me sigues pensando, estoy aquí", repetí riéndome nerviosamente. ¿Estoy aquí? ¿En dónde? ¿En la puta madre que me parió? De un tiempo a esta parte el no estar en ningún lado era mi afición predilecta. Justamente por mis constantes desapariciones es que había estallado esa olla a presión apremiante en que se había convertido nuestra relación.

Las piernas me pesaban, o era acaso el peso de la vergüenza que descendía por mis muslos y se iba sedimentando en la planta de mis pies. Este tipo de cosas no hacen más que confirmar mi vieja teoría de que nuestro estado de ánimo suele reflejarse en nuestros miembros inferiores.

Volví a coger el teléfono. Ahora lo hice con una cuota de seguridad que no había asomado en mucho tiempo. No podía mostrarme arrepentido. ¿O sí? Sería como darle la razón. ¿La razón de qué? Por mi culpa nada tenía sentido. ¿Y acaso el amor lo tiene?

Contra todo pronóstico contestó a la primera timbrada. Sorprendido, alcancé a construir mentalmente el borrador de mi alegato más parco y, luego, lo escupí sin tartamudear...

Léelo todo acá:
http://home.cc.umanitoba.ca/~fernand4/uncafe.html


1 comment:

Asae Nunt said...

Muy
muy
muy bueno.