2013/01/04

Me asomé un 4 de enero: recuerdo de una entrevista con Daniel F

Con Daniel F en un café frente al Parque Kennedy, Miraflores (Lima).
Un día como hoy asomó Daniel F y acá, a manera de homenaje, un recuerdo de una amena entrevista.



Daniel F (Lima, 1961) reconoce sentirse todavía un adolescente: “no he pasado la barrera de los 25 años y sigo creyendo en el rock and roll como núcleo de mi espíritu”. Aparte de componer canciones, le gusta escribir. Sin embargo, no se considera un escritor; tampoco un músico: “he hecho más de treinta discos en toda mi vida, no creo que haga falta tener un título profesional para hacer algo, ¿no?”. Es hincha del Sport Boys, aunque reconoce que no sabe si el equipo chalaco está en primera o segunda división…
Por Orlando Mazeyra Guillén

Son las ocho de la noche. Y el punto de encuentro es un lugar plagado de animales: el parque Kennedy, en Miraflores. “La gente es mala, viene y deja a los gatos”, me dice Daniel F. Pareciera estar decepcionado de la especie humana. Él no se va por las ramas y me pregunta: “¿Cuál es el asunto? ¿Qué hay que hacer?”. Le explico que planeamos hacerle una entrevista y tomarle algunas unas fotos, por eso el fotógrafo le pide un lugar donde haya más luz. “¿Qué, tiene que ser una cosa así, posada?”, pregunta F esbozando una ligera incomodidad y dispuesto a enmendarnos la plana si es necesario.
No. Simplemente quiere hacerte una buena toma.
Entonces puede ser sentado en algún sitio conversando.
Sí, donde tú quieras, tú dinos. Yo soy de Arequipa y la verdad que no conozco muchos lugares acá.
¡Ah, manya, de Arequipa!
La palabrita mágica. Cambia de talante y por fin podemos entrevistarlo. Mientras caminamos en búsqueda de un café, le digo que quisiera saber qué es lo primero que siente cuando se acuerda de los años ochenta: “¡me asusto, pues! Es precariedad, es no tener nada, ¿no? Así que no quisiera volver a pasar por eso nunca más”.
Pedimos infusiones de manzanilla y arguyo que quizá se está acordando sólo del aspecto económico: “No —aclara—, te estoy hablando de todo lo que he pasado en esa época. Los ochentas eran una m…, los grupos no tenían instrumentos, no tenían nada, no había sala de ensayos, no había quién te grabe por ningún lado… Entre veinte grupos alquilábamos, una sola guitarra y con eso tocábamos todos los grupos. La gente ahora lo ve de una forma muy romántica, idílica: ¡Anda métete a esa escena en esta época para ver si en verdad era idílico y si en verdad era romántico! Era una m… y punto”. Insisto por última vez: ¿Nada que ver con los Años Maravillosos? “No. ¡Ahora son los años maravillosos! Además, en los ochentas nuestro error fue no darle mucha bola a los medios de comunicación. Entonces todas las versiones que salían en los medios era lo que los medios intuían, o sea, estaban adivinando de qué se trataba todo, nos llamaban punks, delincuentes, drogadictos. Y todo esto era contradictorio porque la posición de muchos los que movían el asunto era antidrogas completamente. Esa ausencia de contacto formal con la prensa hizo que se tejieran muchos mitos”.
Más de una persona me encargó preguntarle por qué sigue cantando Al colegio no voy más: “Porque es necesario. El colegio como institución, como sistema, como todo… es algo que no resiste el más mínimo análisis sobre si es que sirve o no sirve”.
“LA ESPERANZA ES MIERDA A COLORES”
Cuando digo eso en Memorias me refiero a la propaganda. A lo que te intenta vender la televisión: una vida maravillosa, todo muy a colores precisamente, y todo lindo, y no es así. Al final, es lo que dice la canción: todas las puertas están cerradas, y hay que tratar de reventarlas como sea”.
ENEMIGO DE LOS VICIOS
“Desde el colegio he sido un crítico de las drogas. He vivido en el cercado de Lima, en un barrio totalmente pastrulo, con amigos totalmente pastrulos, en el colegio todos pastrulos. Estaba pastruleado por todos lados. Yo estudié en el Hipólito Unanue y siempre vas a encontrar gente que hace la pelea, y en las huelgas del Sutep, en la época militar, nosotros estuvimos con ellos, o sea, alumnos y profesores. De ahí también viene mi vena jodida, contestataria”.
A Daniel F muchos le reprochan haberse vendido al sistema: dicen que ahora vive en Miraflores y que canta con Gianmarco. “Si así piensan, ¡bien por ellos! Yo no puedo taparle la boca a la gente. Hemos peleado tanto tiempo por la libertad de expresión. Internet también nos permite eso. Y yo sería el último en decirle a alguien que se calle”.
CONSEJOS PARA LA JUVENTUD
“A mí siempre me preguntan: ¿cuál es el consejo que les puede dar a los chicos? Y yo les digo que es al revés: son los chicos los que me tienen que dar consejos a mí. Yo estoy encerrado en mi búnker, trabajando todo el tiempo, muchas veces ya ni me entero de las cosas que pasan en la política, en los noticieros…”
¿Eres muy poco afecto a salir de casa?
Nunca salgo.
¿Te consideras asocial?
Asocial, sí. Antisocial, no.
¿QUIÉN ES DANIEL F?
Me cuenta que, en resumen, es un tipo totalmente amarrado a su silla, a su cama, a su televisor, a su computadora, a su novia, a sus gatos: “mira, yo lamentablemente sigo siendo un adolescente, sigo siendo alguien que no ha pasado la barrera de los 25 años. Seguramente tiene cosas malas pero yo no sé cuáles serán. Tampoco sé cuáles serán las cosas buenas. Sólo sé que sigo creyendo en el rock and roll como núcleo de mi espíritu. Un poco la raíz el rock es crear lazos emotivos entre la gente, es lo que ha hecho que todo perviva durante 40 o 50 años. En los conciertos, hay un vaivén, hay un frontón con la gente, súper positivo: ¡es emoción! Y la gente regresa a su casa cambiada, no regresa diciendo ‘he ido a un concierto’, sino que regresa diciendo: ‘¡tú no sabes lo que he visto!’. En base a eso se ha generado todo, yo no encuentro otra respuesta al hecho de que yo haya sobrevivido 30 años. Hay muchos que han muerto al año, es decir, al año ya nadie se acordaba de ellos”.
LOS CONCIERTOS
Para Daniel F, un concierto es una comunión entre personas. Hay comunión de emoción, de gustos: “entonces nos vamos encontrando ahí, en el camino: la gente se conoce en los conciertos. La gente se reconoce en la calle o de repente ves a alguien con una camiseta de alguna banda local y ya tienes un motivo para acercarte y conversar. Así es como se empieza a generar una especie de cultura alrededor de la música. Una cultura que todavía no es tan fuerte acá en el Perú. He ido a Argentina, México y otros países y siento que en esos países el rock es ‘cultura’, ya forma parte del entorno vivencial de las personas. Entonces el rock es parte de la cultura. Acá es todavía un gusto sonoro, estético… A la gente le gusta Oasis, Los Beatles, Los Sex Pistols pero, como te digo, por un simple gusto. En muy poco el sector que se ha engarzado en esto de una forma cultural”.
—Te pondrías una camiseta con el nombre de qué banda…
—Yo me engarzo con la cultura en general, con todo lo que se ha gestado alrededor de la música, cuando uno lee las historias sobre el rock, sobre el blues, se entera de peleas, luchas constantes, de muchas mentes atormentadas… y eso es lo que nos ha dado la información que llega. Menos mal que yo tuve una mediana información sobre el rock y no se trata pues de saber quién toca el bajo en los Rolling Stones. Tuve acceso a libros muy extensos, los cuales devoré con mucha pasión. Hay un libro que siempre menciono porque prácticamente todos los días lo leo desde 1973 o 1974, siempre lo releo, te lo puedo repetir de memoria. Es un libro de un musicólogo y sociólogo alemán que se llama Rolf-Ulrich Kaiser. El título del libro en castellano es El mundo de la música pop. Ese libro te da una imagen sociológica de todo, es una de las cosas más profundas que yo haya leído. De pronto apareció también esta revista argentina Pelo, en la cual las plumas que escribían eran tipos capísimos, con enfoques muy intelectuales sobre la música, sobre los plagios inclusive…
SOPLAN BUENOS AIRES
“Cuando fui a Buenos Aires… He ido dos veces para tocar, con contrato, no he ido como turista ni nada por el estilo pero mi sueño nunca fue pues irme a Detroit, ni a San Francisco donde aparecieron los hippies, tampoco mi sueño era ir a Liverpool donde aparecieron los Beatles o caminar en Londres por Abbey Road. Mi sueño era ir a Buenos Aires. Allí se gestó el rock en castellano, de allí salieron todos mis héroes del rock en castellano”.
            —¿El Flaco Spinetta?
            —Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia, desde Los Gatos Salvajes hasta Los Gatos. Todas las bandas argentinas de esa época: Pescado Rabioso, Color Humano, Aquelarre, Sui Géneris.
            —¿Te gusta Charly García?
            —No, Charly no.
            —Calamaro tampoco…
            —Tampoco. De pronto, llego a Buenos Aires y sentí que estaba en la cuna del rock en español. Y me fui hacia los monumentos que son parte de la cultura del rock argentino. Estaba muy emocionado, ¡enamorado! Y comencé a arrasar con todas las librerías, porque yo fui a Buenos Aires a conseguir libros sobre el rock argentino. No te imaginas lo feliz que estaba por la calle Corrientes caminando con las bolsas repletas de libros. ¡Solito y de puta madre!
ANTITAURINO
“El problema acá, en el Perú, es que muchos piensan que se deben prohibir las corridas de toros, menos nuestro ministro de cultura. Entonces el señor ministro de cultura, Luis Peirano, dice que las corridas de toros son cultura, son un arte. Debe tener un concepto bastante singular del arte. Porque si eso es arte entonces lo que voy a tener que hacer en los conciertos es meter a un perro al escenario, amarrarlo y, entre canción y canción, patearlo, hasta que se muera, ¿no? Que se desangre, que sufra y que se muera. Seguramente ahí recién el ministro de cultura dirá: ¡ah, el rock es cultura!”.
            —Pero tú comes carne de res.
            —¡No, yo no como carne!
            —¿Eres vegetariano?
            —Tampoco. Pero yo no como carne roja ni carne blanca. Pero ese no es el caso. El asunto es que no puedes cambiar a la humanidad de un día para otro. Todo tiene que ser gradual. Si primero erradicamos la explotación de los animales en los circos, después ya viene lo otro: las corridas de toros.
            —¿No te gustan los circos?
            —Circos sin animales, claro que sí.
            —Acróbatas, payasos...          
            —Sí, esos que se saquen la mugre cuando quieran porque tienen toda la inteligencia y toda la libertad para hacerlo; pero el animal no: el animal es obligado a hacer eso.
            —¿Cuál ha sido tu mejor época como cantante?
            —La mejor época, creo, es cuando uno se siente bien. Yo me siento muy bien ahora, o sea que ésta es mi mejor época.
DISTANCIAS ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN
Acudo a la letra de una de las canciones de F que más me marcaron: Distancias. Le aseguro que uno la vive, la siente,  quiero saber si él necesariamente pasa por eso o si se imagina cosas, ¿hay alguna cuota de ficción en sus composiciones musicales? “No, yo tengo el defecto de no hacer canciones ficticias. ¡Todas mis canciones son vivencias! En realidad, es un problema porque no puedo decir o hablar de cosas que nunca he hecho, cosas que sí hacen mil cantantes. Mis canciones hablan de lo que me pasa, me está pasando o ha pasado, pequeños momentos de mi existencia”.
            —Entonces si no eres un artista atormentado, sí eres o has sido un corazón afligido…
            —Claro. Eso de que si eres un sujeto atormentado puedes crear grandes temas, en realidad es un cuento. Todo el mundo dice eso: “uno mientras más sufre hace mejores canciones, mejores poemas”… lo cual es una gran mentira. Los grandes artistas han hecho sus mejores trabajos en sus mejores momentos.
            —Le tienes una especie de fobia al artista atormentado.
            —¡No! Yo le tengo fobia a los que crean esos cuentos chinos. Es un mito.
            —Cuando la pasas mal no puedes crear, tú te secas…
            —Claro, eso me pasó entre 1995 y 1998. No sabía qué hacer con mi vida, estaba al borde del suicidio. Sentía como que no era de ningún lado y esto lo conté en la revista Hospicios. Mi situación se arregló en Arequipa.
            —¿En Arequipa?
            —Sí, está documentado en muchos sitios. Fue mi primer viaje a Arequipa y resultó algo apoteósico. Ya habíamos ido a otros lugares, Trujillo, Cajamarca y siempre nos trataban muy bien, todo bacán, pero en Arequipa fue un todo. Y me pareció alucinante.
Una llamada telefónica interrumpe la conversación, precisamente lo quieren de vuelta en la Ciudad Blanca, y él se muestra enfático (e irónico) en lo referente al medio de transporte: “lo único que no es negociable es el avión. Así el avión vaya por tierra, pero tiene que ser avión”. Luego de resolver algunos detalles, prosigue: “Me gusta el músico que no le tiene miedo a la audiencia, el músico que no tiene miedo de mostrar su trabajo tal cual, por eso no me gustan los grupos tributo. Los subtes hacíamos eso, nuestra propia música: los subtes subíamos a un escenario y cantábamos nuestras propias canciones cuando nadie quería que lo hiciéramos. Todo el mundo nos pedía: ‘tocáte una de The Police o Aerosmith’, no sé. Y la respuesta era: ‘no quiero pues, no me da la gana’. Y lo decíamos en el micrófono. La gente se dividía: algunos nos aplaudían y otros nos pifiaban, porque la gente estaba acostumbrada a conciertos donde todo el mundo cantaba en inglés y vieron una cosa diferente y se asustaron. Yo he visto a grupos como Actitud Frenética tocar en medio de piedras. Imagina cien piedras por minuto que caían al escenario, ¡la gente tiraba piedras pero estos patas seguían tocando!
            —Entonces los subterráneos no pasaban por el miedo escénico…
            —No, el miedo escénico se da cuando ya tienes una responsabilidad en sí. Yo en esos tiempos nunca tuve miedo escénico, pero recién ahora lo tengo. Porque ahora la gente me paga un pasaje, un hotel, me paga todo, o sea, ¿todo para ver a alguien que no va a hacer bien las cosas o que no va a saber bien las letras? La gente que paga su entrada espera un show a la altura, entonces ahí ya me están pidiendo cosas que de repente yo ya no voy a poder darles, entonces hago mi esfuerzo máximo, ahí es donde entra el pánico: cuando estoy cantando una canción ya estoy pensando en la letra de la canción que viene y pierdo un poco el hilo del momento…
            —¿Qué opinión de la “Marca Perú”?
            —Me resulta gracioso que pongan a Jaime Cuadra como “Marca Perú” cuando en sus discos solamente canta canciones de Frank Sinatra. Entonces, ¿Marca Perú o Marca Nueva York?
LA MUERTE Y HUMALA
No le tengo miedo —me dice convencido—. Todo lo contrario: estoy esperándola con ansias para ver de qué se trata. Es el último sitio que me falta investigar: ya conocí Buenos Aires y ya conocí a Ollanta Humala, es decir que ya supe lo que eran el cielo y el infierno, entonces sólo me falta conocer la muerte… entonces, cuando llegue el momento, ya me tocará tutear a la muerte”.
Lima, Junio de 2012.


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